Continuando con el baile, hoy toca una de las mejores escenas del musical "Chicago". Espero que la disfrutéis.
sábado, 1 de octubre de 2011
miércoles, 21 de septiembre de 2011
SOLO RECUERDO QUE ME OLVIDO
Tengo un enorme baúl lleno de fotografías. En cada una de ellas aparecen caras y lugares preciosos; la mayoría son felices en el momento que fueron retratados, aunque los hay también tristes.
Cada día que abro ese baúl, una de esas fotografías desaparece, se esfuma, vuela y no la vuelvo a encontrar.
Todos los días voy a mi habitación y lo saco de mi armario para echar un vistazo y pasar lista: veo la foto de mi primera vez en un parque a los tres años, mi comunión, mi boda...
Hoy al volver a ver, como cada día, no encontré la foto de recién nacido de mi hijo. Se que estaba ahí, pero también desapareció, como otras muchas.
No me lo explico, se las lleva el tiempo. Me las roba.
21 de Septiembre, Día Mundial contra el Alzheimer.
domingo, 11 de septiembre de 2011
CAÍDA DE LAS GEMELAS
En un día normal se levanta muy temprano para poder tomarse su desayuno con calma; para él es un ritual y se regala una hora, aunque se la tenga que robar al sueño.
Hoy no iba a ser la excepción y ya estaba en pié a las 6:00 de la mañana. Tras una ducha muy rápida, aparece puntual en su cocina para empezar las oraciones del café con leche, tostada, zumo y fruta.
Sobre las 7:30 ya tenía el fresco de la mañana rozándole la cara y la pereza recordándole que hoy no tenía ganas de trabajar; la hace callar, recordando que le debe unas vacaciones a su mujer. Cuando se casaron no tenían ni un centavo para irse de luna de miel y ahora se merecen alejarse de la ciudad unos días.
A las 8:00 llega a su oficina y piensa que tantas plantas siempre le hacen llegar algo justo de tiempo a su despacho, pero no le va a robar ni un minuto a su desayuno.
En la puerta se encuentra con un compañero y tras unos minutos charlando con él, gira el pomo de su puerta y pisa la moqueta de su oficina. Se acerca a su mesa y se sienta para colocar unos papeles en los cajones y ver sus últimos mail.
Tras los primeros pasos monótonos de trabajo, se levanta y se pone de pié ante la ventana; revisa la ciudad, esos puntos minúsculos que ve desde la planta 95 también comenzaron un nuevo día con un buen desayuno y pereza, piensa.
Son ya la 8:46.
El 11 de Septiembre de 2001 la ciudad de Nueva York sufrió una de las mayores tragedias de su historia.
A las 8:46 de la mañana un Boeing 767 de American Airlines se introdujo entre los pisos 93 y 99 de
la Torre Norte a 790 kilómetros por hora.
Más tarde, a las 9:03, el vuelo 175 de United impactó entre
las plantas 77 y 85 de la Torre Sur, a unos 950 kilómetros por hora.
Los impactos dañaron las torres hasta conseguir su caída; la Torre Sur lo hace a las 9:59 y la Norte a las 10:28.
Las imágenes, retransmitidas para todo el mundo, impactan y hacen que el pánico se apodere de todo el país y el mundo.
En cada hogar se es testigo de los impactos, casi en directo, y se es consciente de la pérdida de miles de vidas.
A pesar de la envergadura de la tragedia, surgieron de entre los escombros supervivientes y héroes.
Fue un día de dolor, de pérdidas, de llanto y de miedo; para la reflexión y también para el rencor.
El mundo cambió mucho desde entonces.
HOY HACE DIEZ AÑOS
jueves, 8 de septiembre de 2011
CAMINO
Trazaría un mapa con un camino marcado:
al Norte estaría el odio,
al Sur la compasión,
al Este el fracaso
y al Oeste estaría yo.
Pero mi camino se tuerce,
se complica,
y la gente se pierde:
al Norte van los compasivos;
al Sur los rencorosos;
al Este los afortunados
y en el Oeste estoy yo, tan solo.
Volvería a trazar otro mapa
con dos coordenadas solo.
Sur, para que los que odian,
se compadezcan de ellos mismos.
Este, para que los que fracasen,
tengan suerte.
Y en ningún punto yo estaría.
Caminé por el mundo,
y al girarme descubrí que mis huellas no eran profundas,
pues ya no existía.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
UNAS RISAS Y ¿BAILAMOS?
Bueno, siempre estoy siendo muy reflexiva y creo que ya va siendo hora de echarnos unas risas.
viernes, 26 de agosto de 2011
A NUESTRA EDAD
Buscando he encontrado este video clip que había escuchado hace tiempo. Supongo que el cielo cubierto de nuves indecisas entre llover o inclinarse ante el sol me ha empujado hacia él.
A todos nos llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que los años han pasado también para ti. Un momento en el que ya no puedes salir de casa dando un portazo y amenazando con que te vas. Menuda imagen: tú solo, con tu mochila de David "El Gnomo" llena de juguetes y un par de tabletas de chocolate que, sigilosamente, robaste tras alcanzarlas subiéndote a una silla.
No, ya no puedes. Ahora toca llorar por las noches cuando la presión te vence y respirar hondo cuando quieres gritar.
Llegan los días en los que te preguntas qué demonios hiciste mal para merecer eso; repasas preguntas, respuestas, actitudes y decisiones que te pudieran haber arrastrado hasta ese punto. Pero solo recibes silencio de tu conciencia; o, en el mejor de los casos, más preguntas, mil respuestas posibles, actitudes que no ayudan y decisiones que podrías tomar si fueras más valiente.
Porque ese punto es otro, te vuelves cobarde: "debería haber dicho esto", "no debí haber permitido que me dijeran aquello", "no debí haber firmado tan pronto",...lo que yo decía, mil respuestas posibles que te lían más.
Yo también doy gracias por llorar a mi edad, porque es una forma íntima de revelarte ante la vida. Esa vida que te mete puñaladas cuando se le antoja para chocar contra un escudo de valor que debes aprender a forjar.
Esa perra vida que te hace pasar por pruebas duras de las que espera que aprendas algo; así que toma notas en tu cuaderno de apuntes, se rápido y abrevia si es necesario, porque los años pasan rápido.
Esa cutre vida que se ríe de ti liándote la lengua para que no sepas responder a tiempo; debería darse cuenta de que dentro llevas a un gran orador que convencería a la misma vida de que fuera larga y feliz.
¡Llora! ¿por qué no?, y después de llorar, ¡rie! Porque ante las lágrimas también hay que saber reírse. Ármate de valor, viste tu armadura nueva, memoriza tus apuntes y dile a la vida: "A mi edad lloro cuando quiero, no cuando tu me mandas". Y después sigue viviendo.
martes, 26 de julio de 2011
SOBREVIVIR
"Haz preparativos para cien años y prepárate para morir mañana." Roberto Canesa, superviviente.
El 13 de octubre de 1972 un Fairchild F227 de las Fuerzas Armadas Uruguayas, contratado para trasladar a un equipo amateur de rugby y en el que viajaban 45 personas, despegó de Montevideo hacia Santiago de Chile. Noticias de mal tiempo en los Andes obligaron a aterrizar el avión en la pequeña ciudad argentina de Mendoza.
A las 15:30 del día siguiente el piloto realizaría lo que sería su última comunicación con la torre de control de Santiago.
El avión caería en la cordillera de los Andes, frontera natural entre Chile y Argentina. La mayoría de los ocupantes pereció en el accidente, otros en días posteriores debido a las heridas recibidas, y algunos por un alud de nieve que los sepultó.
Diez semanas después de la tragedia, cuando ya se habían suspendido todas las operaciones de rescate, un campesino chileno que apacentaba el ganado en un valle situado en las profundidades de los Andes, divisó a dos hombres con un aspecto muy deteriorado. Se trataba de dos de los supervivientes del Fairchild F227. Sus nombres eran Roberto Canesa y Fernando Parrado y acababan de atravesar los Andes con la esperanza de encontrar ayuda para devolver a la vida a sus compañeros.
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| Paez y Parrado se abrazan después de haber sido rescatados de la cordillera, después de más de 70 días de odisea, el 22 de diciembre de 1972. |
La historia de la tragedia se hizo mundialmente conocida a través del libro "Viven", del estadounidense Piers Paul Read, traducido en catorce idiomas, de la película del mismo título, cuyo contenido causó malestar a varios de los supervivientes, y de documentales.
Estos son los dieciséis supervivientes:
| José Pedro Algorta, Adolfo Strauch, Roberto Canesa y Alfredo Delgado. |
| Eduardo Strauch, Daniel Fernández, Roberto Francois y Roy Harley. |
| Jose Luís Inciarte, Álvaro Mangino, Javier Methol y Carlos Paez Rodríguez. |
| Fernando Parrado, Ramón Sabella, Antonio Vizintin y Gustabo Zerbino. |
Quizá a muchos no os suene esta historia, pero seguro que os suena la parte en la que los supervivientes tuvieron que alimentarse con la carne de los cadáveres de sus compañeros de viaje. Es natural que esto os haga recuperar de vuestros recuerdos tal historia, puesto que solemos quedarnos con los detalles más morbosos de las noticias.
Pero el que yo me acuerde de esta hazaña humana no va por ahí, sino que va por el lado humano y, por qué no, por el animal que nos hace sobrevivir ante cualquier situación "in extremis" en la que nos veamos envueltos.
¿Qué no haríamos por sobrevivir? Seríamos capaces de atravesar los Andes apenas refugiados del frío y sin saber muy bien hacia donde vamos, con tal de poder continuar viviendo.
Seríamos capaces de correr más que nadie, incluso volar, con tal de volver a ver amanecer otro día más.
Seríamos capaces de sacar fuerzas de la nada para soportar días atrapados bajo un rascacielos entero, con tal de continuar respirando.
Incluso seríamos capaces de lastimar para que la rabia que provoca nuestra herida, de fuerzas a otro para levantarse y continuar caminando en la vida.
Todo lo haríamos sin pensar, con tal de poder continuar diciendo: "estoy vivo."
Ocurren tragedias todos los días, a miles de kilómetros o en tu propia casa. Nadie está libre de una, pero cada uno contaremos nuestra hazaña para sobrevivir. Atravesaremos volando los Andes con un saco lleno de escombros a nuestras espaldas, mientras el frío nos atraviesa la piel, con la esperanza de que cumpliremos nuestro objetivo: sobrevivir.
Quiero terminar con otra frase de Roberto Canesa. Dice así:
"Cuando parece que todo te encierra y que no hay salida, como en el medio de la cordillera, una puerta siempre se abre. No lo olvides."
En ella podréis informaros de toda la experiencia vivida en los Andes, así como ver fotos inéditas y entrevistas en las que los dieciséis supervivientes relatan su lucha para sobrevivir.
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